|
Todos los departamentos de Tecnologías
de la Información (TI) tienen una historia propia,
con una evolución que los ha conformado tal y como
son en la actualidad.
Remontándonos
muchos años atrás, a los primeros Centros de
Proceso de Datos (CPD), nos encontramos con que sólo
las grandes compañías y corporaciones disponían
de equipos informáticos, básicamente debido
a la elevada inversión económica que esto suponía.
En términos
de coste, el hardware era muy caro (en relación al
coste de de los procesos de Negocio), el coste del software,
aun siendo alto, era menor que el del hardware y el porcentaje
que suponía la cuantía del personal que formaba
parte de estos centros era muy baja debido a la reducida plantilla
con la que se contaba. Esta circunstancia hacía que
la estructura organizativa de los CPD’s fuera poco relevante,
había poca experiencia profesional y realmente bastaba
con que todo funcionara, algo difícil de conseguir
por la poca madurez de los sistemas.
El Negocio no dependía
de lo que se hacía en TI ya que la compañía
aún no sabía para qué les podían
servir esos “ordenadores”. Pero todo cambia y
poco a poco, TI se va convirtiendo en una herramienta estratégica
para lograr una ventaja competitiva frente a la competencia.
A medida que los más altos responsables de las compañías
empiezan a vislumbrar el potencial que tenía para el
negocio la utilización de la informática, empiezan
a solicitar más y más aplicaciones. Esta demanda
de sus usuarios llevó aparejada un crecimiento vertiginoso
de los departamentos de TI, tanto en potencia de hardware
como de recursos humanos, y por tanto, de un incremento continuo
de las partidas presupuestarias dedicadas al departamento
de TI
En este entorno de trabajo,
el CPD es el gran desconocido en la compañía,
funciona como una caja negra y su organización interna
está en continuo cambio para adaptarse a las tecnologías
que van apareciendo. Se crean nuevos roles a medida que evoluciona
y se va haciendo ‘camino al andar’. Las funciones
del departamento de TI son básicamente tres: construir
aplicaciones, montar la infraestructura tecnológica
para que las aplicaciones funcionen y ‘explotarlas’
o hacerlas funcionar.
Pero todo crecimiento conlleva
unos obstáculos que hay que superar y a los que hay
que dar soluciones, sin perder de vista que cada sector y
cada compañía, dentro del mismo sector, tiene
sus propias características. En el caso de TI, empiezan
a aparecer una serie de obstáculos como los que se
indican a continuación:
- Los procesos internos se hacen cada vez más complejos
al tener más intervinientes (personas y equipamiento)
- Los conocimientos y experiencia del personal hace que
cada uno realice su trabajo según su propio criterio
sin uniformidad y prácticamente desconectado de otros
grupos (silos)
- La organización interna se complica con la incorporación
de nuevas tecnologías y de los equipos que le dan
soporte
- El control de las funciones se dificulta (funciones que
no se hacen y funciones duplicadas),
- El control de costes y de rendimiento se hace más
complejo
En definitiva, el modelo que había
hasta ese momento hay que evolucionarlo a otro más
eficaz.
Los departamentos de TI van evolucionando
a medida que se detectan los obstáculos antes indicados,
de tal forma que cada compañía aborda uno, varios
o todos los problemas simultáneamente, con mayor o
menor éxito. Al mismo tiempo, las compañías
buscan la forma de reducir el incremento continuo del gasto
informático, algo difícil de conseguir si se
tiene en cuenta que la evolución tecnológica
es continua y el tamaño de los departamentos de TI
sigue aumentando, tanto en personal propio como en personal
externo de apoyo.
El crecimiento natural de un departamento
de TI se materializa en el incremento del número de
equipos hardware, en el de software, en las líneas
de comunicación y en los recursos humanos encargados
de su control, manejo y gestión: técnicos que
controlan el Hw, Sw y las comunicaciones , desarrolladores
que fabrican y mantienen las aplicaciones, operadores que
las explotan o ejecutan, agentes en centros de asistencia
a usuarios, y resto de personal para tareas de logística,
calidad, seguridad, etc. En realidad, TI es una compañía
dentro de la compañía.
Con el panorama organizativo indicado, uno
de los grandes retos de los departamentos de Tecnologías
de la Información es cómo optimizar sus funciones
junto con las personas que las realizan, es decir cómo
hacer del modelo organizativo una herramienta estratégica
de gestión que genere valor y proporcione una ventaja
competitiva.
¿Y como se hace esto?
Es la pregunta que cualquier director de
Sistemas de Información se hace a sí mismo.
La respuesta no es trivial y su materialización no
lo es menos, salvo que estemos hablando de un departamento
de Sistemas de Información recién creado, en
el cual existen menos condicionantes históricos de
los que tiene cualquier otro que ha sufrido la evolución
que se ha ido describiendo a lo largo de todo este artículo.
En cualquier actividad profesional, hay algo
muy importante, esto es, que cada persona que integra un equipo
de trabajo sepa cuáles son sus funciones y las de los
demás. Aunque es de sentido común, no es nuevo
y todos debemos de tenerlo claro, aunque en la realidad no
sucede así . En muchos organigramas las funciones no
están claras, se diluyen las responsabilidades, la
función “interesante” la quieren hacer
varios y la que no lo es, no la quiere nadie y se queda “huérfana”.
Al final, esta situación provoca ineficacias, suben
los costes y baja la calidad, si bien en muchos casos estas
situaciones se compensan en base a esfuerzos individuales
y no por un buen sistema organizativo ni de gestión.
Los objetivos principales que se persiguen
a la hora de definir e implantar un Modelo Organizativo son:
- Garantizar la prestación de servicios de TI mediante
una clara definición e identificación de los
roles y responsabilidades,
- Analizar e identificar los recursos de la organización
adecuados a los roles identificados
- Mejorar la relación con las áreas de negocio
(Clientes internos) para ofreces una respuesta ágil
y de calidad antes sus necesidades,
- Establecer los mecanismos de control y coordinación
necesarios para los procesos y servicios de manera que se
puedan alcanzar los objetivos establecidos,
|
Análisis por procesos: Otra línea de
actuación es organizar las funciones de TI en base
a procesos. Cuando se aborda el análisis y mejora de
los procesos, se tiene que entrar en la estructura organizativa
de TI ya que para cada proceso deben estar asignadas las responsabilidades
para todas las actividades que se realizan. Esto supone analizar
cuáles son los flujos de cada proceso y quienes son
los implicados. A medida que se van detallando las matrices
de responsabilidad de cada proceso de TI, se van identificando
las inconsistencias y van aflorando las duplicidades, las
ambigüedades y demás situaciones que ralentizan
la realización de cada proceso e incluso que los hacen
poco eficientes. Ello permite tomar medidas organizativas
encaminadas a solventar dichas ineficiencias. En este sentido,
guías de buenas prácticas como ITIL, Cobit o
las normas ISO, son de gran ayuda ya que proponen una estructura
de procesos frente a los que compararse y que representan
el correcto funcionamiento del departamento de TI, incluso
ofrecen detalle de las actividades a realizar y los roles
que deben existir.
Abordar cualquiera de las dos propuestas
anteriores o las dos, proporciona una mejora tangible en el
funcionamiento de los departamentos de TI:
- Agiliza la ejecución de procesos trasversales,
ya que no hay que hacer de ”detective” para
saber quién hace cada tarea y por tanto no se pierde
el tiempo en búsquedas improductivas
- Hay una mejora de la eficiencia, ya que se hace lo mismo
en menos tiempo o lo que es igual, se hace más en
el mismo tiempo.
- Se eliminan tareas o funciones duplicadas, lo que permite
dedicar recursos a cubrir otras necesidades no contempladas
Como resumen se puede
afirmar que, si bien no es sencillo, sí es posible
hacer que el modelo organizativo pueda ser utilizado como
una herramienta de gestión y convertirlo en una ventaja
que permita mejorar de forma tangible el funcionamiento de
TI. Pero no nos olvidemos que se trata de un cambio en el
que los principales afectados son las personas y que, por
tanto, tiene que ser gestionado con especial atención
y cuidado.
|