Las tendencias actuales
en Seguridad señalan la gestión del riesgo
como una pieza angular, si bien, tradicionalmente se ha
puesto una especial atención en la securización
del perímetro como medio de protección frente
a ataques externos. Las capacidades de relación entre
las organizaciones han cambiado, al igual que las pautas
de ataque y las posibilidades de defensa que las
tecnologías existentes en el mercado proporcionan.
Este artículo recorre un camino paralelo entre estas
nuevas necesidades y las tecnologías disponibles
en la actualidad para garantizar la seguridad. Al final
de este camino, llegaremos a los mismos principios de gestión
de riesgo y calidad
La seguridad dentro de la
empresa, ya sea una gran corporación o una PYME,
requiere de una constante supervisión para adaptarla
al nuevo tipo de amenazas que en el mundo de las TI aparecen.
Históricamente, la protección se solucionaba
en el perímetro con uno o dos niveles de cortafuegos,
y en los puestos cliente con un antivirus, aunque es cierto
que el uso de Detectores de Intrusos es una práctica
cada vez más extendida tanto en grandes como en pequeñas
organizaciones.
Este modelo ha quedado ampliamente superado,
no sólo porque los dispositivos actuales permiten
la realización de más de una funcionalidad
de seguridad, sino porque hay nuevas necesidades que han
cambiado profundamente el escenario al que dar respuesta;
la mayoría de las empresas disponen de una página
web donde se ofrece información a clientes, se permite
el acceso remoto a la infraestructura interna y se utilizan
comunicaciones inalámbricas o VoIP. Otro cambio importante
proviene de las nuevas amenazas, que ya no se centran en
intentar encontrar un hueco en nuestros cortafuegos, sino
en mecanismos que reportan un mayor beneficio con un menor
esfuerzo, como un correo no deseado, un applet que aproveche
una vulnerabilidad, etc.
No obstante la seguridad
debe continuar esta transformación sin ser un impedimento
para la evolución de las comunicaciones y la incorporación
de nuevas tecnologías en nuestra empresa; al contrario,
debe ser uno de los pilares sobre los que se asienta la
innovación.
En la actualidad, es normal
que una mayoría de empleados, usuarios de informática,
dispongan de acceso a Internet desde su puesto de trabajo.
Este servicio no puede representar una amenaza de seguridad
ni una merma en la productividad. En el mercado existen
dispositivos que, además de realizar las funcionalidades
tradicionales de un Proxy de navegación,
cacheo, autenticación; nos ofrecen protección
antivirus, antiphising para protegernos de las amenazas
y control de la navegación (filtrado de contenidos)
que eviten usos inadecuados de este recurso.
Algo similar ocurre con
el correo electrónico. Actualmente, el nivel de spam
que reciben todas las organizaciones supone una enorme carga
de trabajo a los administradores y a los equipos que albergan
los servidores (tanto en proceso, almacenamiento, como en
ancho de banda útil). Por ello, ante la disyuntiva
entre invertir para aumentar la plataforma de correo o invertir
para adquirir una solución que, además de
servir de pasarela de Correo, elimine ese tráfico
no deseado; la respuesta generalizada suele ser la segunda
opción.
Hasta ahora, hemos aumentado
la seguridad de nuestro perímetro al incluir la protección
AV para el tráfico de navegación y de correo.
Igual ocurre con las comunicaciones. Al restringir el tráfico
de navegación a los sitios permitidos por la política,
el rendimiento de nuestra infraestructura mejora pues se
elimina tráfico no deseado. No obstante, persisten
otros riesgos. Como hemos comentado, las estrategias de
ataque han evolucionado. Ya no se intenta dejar a una organización
sin servicio a base de ataques de denegación, sino
que se intenta explotar alguna vulnerabilidad en los servicios
que ofrecemos para recoger información o utilizarnos
como zombies para sus actividades.
Debemos mejorar en la gestión
del riesgo, es decir, debemos de ser capaces de
conocer el estado de nuestros sistemas frente a vulnerabilidades,
priorizando el foco en los activos más críticos
para el negocio. Debido a lo heterogéneo de las plataformas
existentes, esta tarea supone un gran esfuerzo, al tener
que recoger la información de cada fabricante y realizar
la posterior comprobación en cada una de las máquinas,
si no se dispone de un inventario actualizado. Pero también
en este punto, la tecnología disponible en el mercado
ha evolucionado de manera que nos puede ofrecer herramientas
que automáticamente inventaríen activos, busquen,
prioricen, informen y asignen las vulnerabilidades para
su corrección.
Con todo lo expuesto hasta
el momento, ¿estamos completamente seguros?
Lamentablemente, todavía
pueden existir amenazas, equipos no controlados, personal
externo que se conecta dentro de nuestra infraestructura.
Ahora es el momento para una vuelta más en la seguridad,
podemos controlar mediante soluciones de control
de acceso a la red física, tipo NAC
(Network Access Control), o NAP (Network
Access Protection), antes de que un equipo obtenga conectividad
IP, qué software y antivirus tiene y, si no se ajusta
a la política, asignarle una red de cuarentena donde
actualizarse con el software necesario o tener acceso restringido
a la navegación y servicios corporativos.
Ninguna solución
es perfecta, ello implica que al aumentar de esta manera
la seguridad, surge una serie de nuevas tareas: se
complica la administración y gestión al tener
más infraestructura, se complica la gestión
de las alertas al recibir mucha más información.
Es claro que se hace necesario valorar las mejoras operativas
frente a las necesidades de gestión, para ello debemos
dar un paso más.
Por un lado, se tiene que
definir una política que vertebre todo lo anteriormente
expuesto. En estos momentos la implantación creciente
de Planes Directores y de SGSI (Sistemas
de Gestión de Seguridad de la Información
basados en UNE 71502 y empezando con ISO 27001) nos da solución
a este problema. Estos Planes nos ofrecen la posibilidad
de definir una política de seguridad que debe ser
implantada, mantenida y comprobada en cada uno de los elementos
de nuestra infraestructura. De nuevo, el trabajo que estas
tareas representa puede llevarnos a disponer de unos procedimientos
en papel de dudosa aplicación, no obstante la tecnología
se ofrece para automatizar estos procesos de comprobación
y alerta sobre los incumplimientos de la política
definida. En definitiva, la implantación de un
SGSI es un sistema de mejora continua que requiere herramientas
para automatizar la gestión de riesgos,
vulnerabilidades, controles y cuadros de mandos y auditorias.
En paralelo, se hace necesario
administrar, monitorizar y gestionar las alertas de toda
esta infraestructura, basado en soluciones que abarcan la
mayoría de nuestras necesidades; con una consola
de gestión tendríamos la mayor parte del trabajo
realizado, podemos, por otro lado, tener un sistema que
se encargue de obtener los datos de las fuentes sin importar
que sean de distinto fabricante y correlar los distintos
eventos de cara a obtener la información que realmente
nos importa o , por último, incluso, podemos contratar
un servicio gestionado que nos ofrezca una solución
en función de nuestras necesidades de administración,
gestión, informes y seguimiento de las alertas.
En conclusión,
la Seguridad dentro de las organizaciones es un servicio
en evolución permanente que requiere de tecnologías,
personas y procesos. El rumbo que debe seguir este servicio
está determinado por la gestión de riesgos
y sistemas de calidad (SGSI), pero el aumento de las funciones
de la empresa y la diversidad y sofisticación de
los ataques y vulnerabilidades existentes nos obligan a
considerar las nuevas tecnologías en el ámbito
de la protección del perímetro. Tecnologías
que también están evolucionando son aquellas
que consolidan varias funciones y simplifican la administración
e integración, lo que las hace especialmente atractivas
desde la perspectiva de mejora de la seguridad y reducción
de costes de explotación.